gestos que cambian el mundoLa mujer había sido desalojada junto a sus pequeños hijos. Asistió a la subasta y vio como un hombre se quedó con el inmueble. Jamás imaginó que el comprador se acercaría a ella para decirle que la había pagado para devolvérsela.

Silvina Corzo y sus dos hijos estaban a punto de quedarse en la calle. La habían estafado con la escritura de su casa en Bahía Blanca, Argentina y el Banco de La Pampa había dispuesto la subasta de la vivienda que ocupaban en la calle Enrique Julio 1647.

"Fueron días horribles, tremendos. Yo estaba desesperada: gritaba, lloraba, iba a perder lo único que tenía", relata Silvina, rememorando esos minutos trágicos en la que su vivienda iba a ser subastada después de haber sido estafada por el sujeto que le vendió el terreno donde la construyó.

"Había varias personas que querían comprarla. Nosotros (sus familiares y amigos) estábamos a los gritos. Mi mamá se desmayó. De pronto una persona se acercó y me dijo: 'Quedate tranquila' y se fue a hablar con otro hombre, que era su socio. Luego ofreció 71 mil pesos y le decía al martillero: '¡Bajá el martillo! ¡Bajá el martillo!'", relata feliz Silvina.

"Después de que ganó el remate, se me acercó de nuevo y me dijo: 'Quedate tranquila, no tengo apuro. Disfrutala'. Yo no lo podía creer, fue un momento inexplicable", continuó la mujer, que habitualmente trabaja realizando servicios domésticos y ayuda en la cocina.

El comprador, un ángel de la guarda para Silvia y su familia, es Claudio Del Valle, transportista de la localidad de Puán y asiduo concurrente a las subastas. "Es un enviado de Dios. Nadie hace algo así hoy en día. Le voy a estar agradecida de por vida", asegura Silvina

"Me dijo que nos quedemos tranquilos, que podemos ir devolviéndole la plata de a poco, como podamos. Antes de irse a su ciudad, vino a mi casa a tomar mates y ver como estaba mi mamá, que se descompuso en el Colegio de Martilleros por la situación".

(Fuente: Diario Uno Argentina)