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VIDA DE ELISABETH KÜBLER-ROSS: EXPERIENCIAS AL BORDE DE LA MUERTE
(Un texto de Elisabet Ros Juanola, publicado en la Revista Esfinge)

La obra de Elisabeth Kübler-Ross, AQUÍ

Todos los pueblos y culturas han atesorado de generación en generación unos conocimientos y creencias que eran transmitidos por los sabios y ancianos. Estas enseñanzas servían a los más jóvenes sobre cómo aprender a vivir y a los que iban a morir a no temer a la muerte. “La salida del Alma a la luz del sol”, mal conocido como el libro de los muertos egipcio, o el libro de los muertos del budismo tibetano, son el máximo exponente de esta cultura acerca de la transmisión del “conocimiento” sobre la vida, la muerte y el más allá.

Así como Jung es famoso por el estudio del psicoanálisis, sin duda alguna Elisabeth Kübler Ross (EKR) lo es en el terreno de la tanatología, el estudio de la muerte.

DE AMA DE CASA A TOZUDA PSIQUIATRA
Según ella su vida acabó siendo algo muy distinto a lo que se esperaba de ella. Tendría que haber sido una devota y simpática ama de casa suiza pero acabó siendo una tozuda psiquiatra, conferenciante y escritora del suroeste de los Estados Unidos que se comunicaba con un mundo que a su juicio es mucho más acogedor, amable y perfecto que el nuestro.

Durante muchos años la persiguió la mala reputación: la han acusado de ser la señora de la muerte y del morir. El hecho de haber dedicado más de tres decenios a investigar la muerte y la vida después de la muerte dicen haberla convertido en una experta en el tema pero, en realidad, lo que ella creía es que se equivocaban. La única realidad incontrovertible de su trabajo es la importancia de la vida.

Si se vive bien cada día entonces no hay nada que temerle a la muerte. Parece que las piezas de la existencia de EKR no se ensamblan muy bien, pero ella afirmaba que la experiencia le enseñó que las casualidades no existen. Todo lo que nos sucede si estamos atentos nos lleva a descubrir nuestro destino. Ella también tuvo que pasar la “prueba” de aceptar el suyo.

Según narra ella misma en “La rueda de la vida”, un relato autobiográfico en el que se adentra en las razones de su vida, nació un 8 de Julio de 1926 en Meilen, Suiza. Sus padres eran de una familia de clase media alta y ya tenían a un hijo, Ernst, pero decidieron ir a por la niña para completar el cuadro...y el cuadro fue el día del parto. Nació pesando 900 gramos, peluda y fea, parecía un ratoncito, el ser más diminuto que los presentes habían visto jamás. Unos minutos más tarde nació su hermana Erika también pesando 900 gramos y la última en nacer fue Eva que pesó 2.900 gramos.

En aquella época no eran muy comunes los partos múltiples. Las tres hermanas iban vestidas igual, recibían los mismos regalos, realizaban las mismas actividades, y, así, sucesivamente. Las personas reaccionaban ante ellas no como individuos, sino como grupo, lo que afectó al sentido de la identidad de EKR, por lo que siempre se esforzó en ser ella misma, aunque ser ella misma no fuese lo más aceptado. Elisabeth relata que, al haber aprendido a ser ella misma durante toda su vida desarrolló un talento para reconocer entre los demás a los que son auténticamente ellos mismos. A eso ella lo llamaba “olfatear” a alguien.

DEDICADA A LOS DEMÁS
La anciana doctora B, que asistió el parto y se creía clarividente, dijo a su madre los vaticinios para cada una de ellas. Eva, la última en nacer, sería la que estaría más cerca del corazón de su madre. Erika, la segunda, elegiría siempre el camino del medio. Y cuando miró a Elisabet dijo: “por ésta no tendrá que preocuparse jamás”.

Su padre, Ernst Kübler, era un hombre fuerte, serio, responsable y muy estricto que las educó con mano espartana. Ella lo solía acompañar en sus excursiones por los Alpes suizos, y jamás aceptaba una queja de debilidad. Cabe destacar que esta disciplina y fortaleza le fue muy necesaria para su posterior trabajo. Su madre era un ama de casa práctica y orgullosa de sus habilidades. La personalidad de sus padres demostraba la verdad del viejo axioma de que los polos opuestos se atraen.

Era una de esas niñas que le gustaba ir al colegio. De pequeña cayó en sus manos un libro de una aldea africana que despertó en ella la curiosidad por las distintas culturas del mundo. Estuvo en contacto con la muerte de algunas personas cercanas que le abrió grandes interrogantes. Era una época en la que el mundo necesitaba curación y muy pronto la necesitaría aún más. En 1939 la maquinaria bélica nazi estaba comenzando a poner en marcha su fuerza destructora. Nadie sabía muy bien lo que estaba ocurriendo pero las conversaciones sobre la guerra asustaban e inquietaban. Un buen día su ahorrativo padre llegó a casa con una radio y, cada día, después de cenar, a las 19:30, escuchaban los informes del avance de los nazis en Polonia. Ella estaba a favor de los valientes polacos que arriesgaban su vida para defender su patria y lloraba por cómo morían mujeres y niños. Si hubiera sido hombre hubiera ido a luchar en primera línea a favor de los polacos, pero como tan sólo era una niña, le prometió a Dios: “tan pronto pueda, tan pronto pueda, iré a Polonia a ayudar”.

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Hay una época importante en la vida de los jóvenes suizos y es cuando acaban la enseñanza secundaria tienen que elegir un rumbo profesional para sus vidas. En 1942, tenía 16 años, era una joven madura y seria, albergaba pensamientos profundos. En opinión de EKR, su futuro estaba en la facultad de medicina. Pero una noche, su padre, que seguía al mando, decidió el futuro para sus hijas. “Elisabet, tú serás secretaria contable en mi empresa.” Ella le dejó muy claro que jamás aceptaría semejante condena a prisión, ella, que poseía un carácter inquieto y creativo, se hubiera muerto sentada en un escritorio. Así es como no le tocó más remedio que irse de casa y después de varias vicisitudes logró cumplir con su promesa de querer ayudar.

El 6 de Junio de 1944. Las tropas aliadas desembarcaron en Normandía. Esto cambió el curso de la guerra. Pronto llegaron a Suiza refugiados de todas partes traumatizados y en un estado deplorable. En ese entonces ella trabajaba como ayudante de un doctor que la vio tan absorta y entregada ayudando y atendiendo a los refugiados que le propuso alistarse en una organización internacional de Voluntarios por la Paz. ¿Paz mundial? ¿Cooperación entre países y pueblos? En un mundo donde tantos corazones estaban rotos por falta de humanidad la idea le encantó.

El 7 de Mayo de 1945 acabó la guerra y ella pudo cumplir con su deseo de ayudar. Salió de las seguras murallas de Suiza, donde recibió un curso acelerado sobre las tragedias que la guerra había dejado a su paso. Tenemos que dejar claro que el voluntario es el que impone su voluntad libremente al servicio de los demás. Llegó a Ecucéry montada en una vieja bicicleta que encontró tirada en la frontera. Lo que había sido una ciudad pintoresca habían ahora matado todo su espíritu. En ese mes que estuvo como voluntaria le resultó muy difícil aceptar la prosperidad y abundancia de su hogar suizo. Así es como, nuevamente, tiempo después, emprendió el rumbo a Varsovia, Polonia.

COCINERA, ALBAÑIL Y MÉDICO
No fue fácil llegar. Pero las personas que la conocieron dijeron de ella que tenía una capacidad para que cuando deseaba algo se plasmara. Trabajó ordeñando vacas, segando el heno hasta reunir el dinero suficiente para viajar hasta Estocolmo, Suecia, y conseguir un visado. En el viaje conoció a un grupo de médicos que la ayudaron a entrar en Polonia. Su función era la de cocinera; a veces no había más que una cabeza de pescado para cincuenta personas. Y también como albañil en la construcción de casas y escuelas. Pronto se dieron cuenta de sus dotes como médico y le construyeron una pequeña casa de madera donde atendía a los enfermos y heridos.

Así fue como dejó la construcción. Antes de irse de Polonia viajó a Maidanek, uno de los infames laboratorios de Hitler. Sabía a dónde iba pero verlo fue muy diferente. Las puertas estaban derribadas pero aun podían verse los restos de su ominoso pasado. ¿Cómo es posible que hombres y mujeres puedan hacerse ésto? ¿Puede ser tan cruel la vida? ¿Cómo pueden un hombre y una mujer matar y luego ir a casa y preocuparse por la rubéola de su hijo?... Donde se hallaban los presos podían verse, grabados en las paredes, iniciales, nombres… pero había una imagen que se repetía una y otra vez: mariposas. ¿Por qué mariposas? Seguro que tenían un mensaje especial, pero cuál. Durante los 25 años siguientes se hizo la misma pregunta y se odió por no encontrarle respuesta. Esa visita era una preparación para el trabajo que le aguardaba.

El regreso a Suiza fue tan peligroso como todo lo que había hecho hasta entonces. En lugar de volver inmediatamente decidió conocer algo de Rusia. Viajó sola, sin dinero, ni visado, llegó a pie a Bialystock sin ver ni rastro del temido ejército ruso. Antes de disponerse a acampar en medio de una verde colina se le acercó una gitana que la invitó a su campamento. Después de haber vivido todo lo que vivió la calidez de ese hogar gitano fue lo que más necesitaba. Aunque no hablaban el mismo idioma comprendió que hay un idioma universal y éste es el del corazón. Fueron cuatro días de fiesta y baile. Consiguió llegar a Suiza a través de Berlín escondida en la parte de atrás del camión de un señor inglés y dentro de una caja de 60 por 90, arriesgando su vida nuevamente, pues si era descubierta quizás sería lo último que haría. Ciertamente, volvía a casa transformada, más sabia y más conocedora del mundo.

En otoño de 1950 se dispuso a hacer lo necesario para ingresar en la facultad de medicina. Lo que a muchos les cuesta tres años ella en un año ya estaba preparada para el MATURA (examen de ingreso a la facultad). Su hermana Eva le prestó 500 francos para pagar la matrícula. Cuando estudiaba en la universidad solía ver al famoso psiquiatra y psicoanalista Jung dando largos paseos por Zurich. Cuando lo veía siempre se cambiaba de acera, nunca se atrevió a presentarse, aunque sentía una misteriosa conexión con él. Fue el psiquiatra que más influyó en su posterior trabajo con la muerte y los moribundos. En 1957 se graduó y en 1958 se casó con el guapo americano Emmanuel Ross, también médico, con el que más adelante tuvo dos hijos, Kenneth y Barbara. Su sueño estaba en ejercer la medicina en la India, entre los más pobres, pero eligió a Emmanuel y un futuro en los Estados Unidos donde se trasladó ese mismo año, a Nueva York.

Ella era una persona bastante escéptica a nivel religioso, y no sentía la curiosidad para descubrir lo que pasaba cuando un ser humano moría, pero las siguientes observaciones y experiencias le hicieron darse cuenta que a nivel científico hacía falta una revisión del concepto vida-muerte. Sus métodos no eran siempre los más aceptados y desde siempre peligraron sus puestos de trabajo para hacer lo que ella creía conveniente y correcto. Pero como nos diría ella: “lo que piensen los demás es problema de ellos, porque si uno hace lo que cree correcto y con amor, pues adelante”. Años después, por aquello que la habían criticado tanto, le daban 28 títulos Honoris Causa en varias universidades.

Para el moribundo, morir en el hospital era un acontecimiento triste y solitario e impersonal. Para el moribundo y la familia, la muerte era un dolor terrible, y para los médicos, la muerte era un fracaso. A los moribundos se los trataba de una forma inhumana, y éstos estaban llenos de miedo.

Vivió el caso de una chica de 16 años que estaba muriendo de leucemia. Estaba sola en una habitación, encima de una cama desnuda. A la familia se le impidió la entrada porque no eran horas de visita.

Uno de sus primeros trabajos fue en el Hospital estatal de Manhattan con pacientes esquizofrénicos, los peores trastornos mentales. Las condiciones en que estaban los pacientes desahuciados eran horribles, inhumanas. ¿Qué sabía ella de psiquiatría? Nada. Pero abrió su corazón a la desgracia, soledad y dolor de esas mujeres... Dos años después cosechaba el fruto de su esfuerzo y consiguió que se diera el alta al 94% de las pacientes, que salieron a la calle a llevar vidas autosuficientes y productivas fuera del hospital.

La mejor maestra que tuvo en esos días de lo que se vendría a llamar el nacimiento de la tanatología fue una mujer negra de la limpieza. La doctora se dio cuenta del efecto que tenía en muchos de sus pacientes más graves cuando salía de las habitaciones. Muerta de curiosidad, espiaba a esa mujer que ni siquiera había terminado sus estudios secundarios pero que poseía un gran secreto. Un buen día se atrevió a preguntarle qué les hacía a sus pacientes moribundos. Ella le contestó: “verá, la muerte es una vieja, vieja conocida, tan sólo me acerco a ellos, les toco la mano y les digo: no es tan terrible”. Poco después esa mujer dejara de dedicarse a la limpieza para convertirse en su primera ayudante.

Los maestros, como aquellas personas que te dan las lecciones más importantes de tu vida, se presentan en todas las formas y con toda clase de “disfraces”. Los niños, los enfermos terminales, una mujer de la limpieza... todas las teorías y toda la ciencia del mundo no pueden ayudar tanto como un ser humano que no teme abrir su corazón a otro.

¿ES ASÍ COMO QUIERO VIVIR?
¿Realmente es así como quiero vivir mi vida?, se dijo. Todos nos hemos hecho esta pregunta en algún momento. El problema no es que la vida sea corta sino que a veces tenemos una tardía percepción de lo que realmente importa.

EKR cuenta que se dirigía a pasar un fin de semana con unos amigos en el desierto. Sabía que había tráfico pero deseaba salir de Los Ángeles. Los coches iban a gran velocidad por la autopista cuando de repente se dio cuenta de que frente suyo había un paro en cadena. Frenó a tiempo pero se fijó por el retrovisor que el conductor del coche de atrás estaba despistado y pronto iban a colisionar. Pasó en fracciones de segundo. En ese preciso instante se vio a sí misma aferrada al volante y con gran rigidez. Se dio cuenta de que así es como había estado viviendo, rígida, aferrada a la vida olvidándose de tantas cosas importantes. En ese instante se relajó y se entregó a la vida y a la muerte. El resultado fue un milagro, como explicaría el doctor. Salió ilesa y disparada por el cristal frontal. mientras su coche quedó plegado como un acordeón. Esta experiencia le obligó a revisar su vida.

En los hospitales la Doctora Kübler-Ross observó que los pacientes, instantes antes de morir se relajaban, incluso aquellos que se habían revelado contra su propia muerte. Otros al acercarse su final, parecían tener experiencias muy claras con seres queridos ya fallecidos y hablaban con personas que ella no podía ver. Prácticamente en todos los casos la muerte iba precedida de una particular serenidad. ¿Y después? Si ya no estaban, cómo podía saber lo que ocurría ¿En qué forma se va la vida? ¿A dónde va, si es que va a alguna parte? ¿Qué experimenta la persona en el momento de morir?

En cierto modo, y 25 años después de haber pasado por el terrible campo de concentración de Maidanek, comprendió el por qué de las mariposas dibujadas en las paredes:

“Abandonamos nuestro cuerpo que aprisiona nuestra alma, al igual que el capullo de seda encierra la futura mariposa. Libres como una bellísima mariposa regresamos a nuestro hogar”.

Poco después de comprender esto le presentaron en el hospital a la señora Schwartz. Mujer increíblemente resistente y resuelta. Había estado muchas veces en la UCI y declarada clínicamente muerta muchas veces. El personal del hospital la miraba con una especie de miedo y respeto. Esta señora fue la primera muerte clínica temporal de la que tenían noticia.

La señora Schwartz compartió su historia con la Doctora Kübler-Ross y con varios de sus alumnos: Una vez, después de una hemorragia, la ingresaron. En ese preciso momento contó que salió de su cuerpo físico y flotó hacia el techo. Entonces entró un equipo de reanimación y empezó a trabajar frenéticamente para salvarla. Mientras, ella oía todo lo que estaban diciendo y percibía todo lo que estaban pensando. Sentía una enorme curiosidad y ni tan siquiera podía tocarlos y no la escuchaban. En ese momento, tan frustrada como los médicos, renunció a decirles nada. Entonces perdió el conocimiento. Observó que 45 minutos después la declaraban muerta y la cubrían con una sábana. Tres horas después entró la enfermera para sacar el cadáver y no hace falta que digamos el susto que se pegó cuando descubrió que la Sra. Schwartz todavía seguía viva.

La Sra. Schwartz no tenía nada de loca, pero se hallaba en unas circunstancias que le impedían que su alma se fuera en paz. El marido de la señora era esquizofrénico, y cada vez que le daba un ataque quería matar a su hijo de 17 años. Ella no podía irse hasta que su hijo no estuviera en un lugar más seguro. Ninguna persona que estaba en la sala pensaba que la historia hubiese sido real, pero...cómo es posible que la Sra. Schwartz recreara el chiste que el doctor hizo una vez era declarada muerta. A veces es una pena lo que se dice en presencia de moribundos cuando éstos todavía lo pueden escuchar todo.

En Occidente, cuando morimos, concebimos que vamos a un lugar concreto en el espacio, al cielo, al paraíso...pero en cambio para los orientales morir es cambiar de un estado vibratorio a otro.

En ese entonces la doctora no tenía ni una respuesta a mano, lo cual irritó a sus alumnos, pero les explicó que todavía hay muchas cosas que no sabemos, ni entendemos, pero esto no significa que no existan. Por ejemplo, si se toca un silbato para perros, ninguno de nosotros lo oiría, pero los perros sí ¿Significa esto que el sonido no existe? Es posible que la Sra. Schwartz se encontrara en una longitud de onda diferente a la del resto de nosotros, pensó EKR.

Después de este suceso se inicia la investigación en profundidad de lo que ocurre después de la muerte. El reverendo Gaines y ella decidieron convertirse en detectives. La intención era entrevistar a 20 personas que hubieran sido reanimadas después de que la falta de signos vitales indicara que habían muerto. Uno por la vía religiosa y EKR por la vía científica. Si su corazonada era correcta pronto se abriría una faceta totalmente nueva. En ese período mantuvieron la distancia y no compararon sus observaciones hasta que no reunieron más de 20 casos.

EKR era una persona bastante escéptica a nivel religioso y científico pero se encontraba ante unos hechos que necesitaban una explicación. Se limitaron a pedirles que contaran lo que les había ocurrido o lo que habían sentido. Todos estaban deseosos de encontrar a alguien interesado en escucharles. Sus relatos brotaban a raudales. Encontraban por fin a alguien que los escuchaba sin considerarles locos o fantasiosos.

Una señora, que había quedado ciega a raíz de una explosión en un laboratorio hacía 10 años, ahora podía volver a ver, sin embargo después de que la reanimaran perdió nuevamente la vista. El caso de una niña enferma que cuando volvió le contó a su padre que había estado en un lugar de gran paz y amor, pero hubo una cosa que le extrañó, que la abrazó un niño que decía ser su hermano. Su padre echó a llorar porque poco antes de nacer ella tenían otro hijo que murió también y ella no sabía nada. Hasta ese entonces habían intentado explicar qué es la muerte, pero al no hallar ninguna respuesta se dedicaron a buscar más allá.

¿De dónde proviene nuestro miedo a la muerte? EKR habló extensamente de sus conclusiones.

Hay dos miedos naturales o instintivos en el ser humano: uno es el miedo a las alturas que me permite conservar la vida y el otro el miedo al ruido. Si yo por ejemplo tengo la pierna rota y escucho una explosión, no sé cómo pero salgo corriendo. Entonces el miedo a la muerte no es un miedo natural sino fruto de nuestra endoculturación. Si nosotros estuviéramos recibiendo una educación natural, que no es lo que estamos recibiendo hoy día, esto es obvio, ayudaría al ser humano a integrarse en las diferentes etapas de la vida y en ese paso transitorio que hoy llamamos muerte. Una verdadera educación trataría de armonizar a ese ser humano compuesto de los cuadrantes físico, energético, emocional y espiritual. Todos le tememos en cierto modo a la muerte.

FILOSOFÍA DE LA MUERTE
Para cualquier filósofo la muerte es algo natural, forma parte de la vida. Nosotros hoy sabemos que la energía y la materia son dos formas de una misma cosa. La materia puede ser convertida en energía y la energía en materia. Esto demuestra que en la naturaleza existe una gran economía. Todo se transforma, todo vuelve al lugar del que partió.

Este miedo a la muerte que tenemos es fruto del materialismo en el que vivimos inmersos. La muerte entonces para quien soy YO realmente no existe, sí que existe en cierta forma para esto (señalando el cuerpo). Si se logra levantar esta identificación físico-funcional a algo más espiritual, se ve entonces que andamos más ligeros.

Según lo dicho, al estar tan identificados con esto, en vez de decir “mi cuerpo tiene hambre, mi cuerpo tiene tos...decimos “YO tengo tos, YO tengo hambre...” A veces somos tan materialistas que hasta nos identificamos con nuestro coche: “¡Se me ha roto un cristal!”.

Vayamos a ver ahora qué le explicaban los pacientes que atendió EKR cuando hemos pasado a iniciar esa otra etapa de nuestra existencia. La investigación que llevaba a cabo sobre la vida después de la muerte cogió un impulso imparable. Durante los primeros años de la década de los 70, entre el doctor Mwalimu y ella entrevistaron a más de 20.000 personas que daban edades comprendidas entre los 2 a los 99 años, de culturas tan diversas como la esquimal, los indios norte americanos, aborígenes australianos, la religión protestante, musulmana, cristiana e incluso entre aquellos que se creían ateos o agnósticos. Hasta ese entonces ni ella misma había creído en una vida después de la muerte pero todos estos casos la convencieron de que no eran alucinaciones ni coincidencias.

Todas las experiencias recopiladas de estas personas nos explican que no hay palabras ni imágenes para describir cómo se han sentido y lo que han visto en ese más allá. Sería como tratar de explicar qué es el sabor dulce a alguien que nunca lo ha probado.

EKR diferencia una serie de etapas en el ser humano a partir de que se desprende de su cuerpo:

En una primera fase, afirma que las personas salían flotando de su cuerpo ya sea que hubieran muerto en quirófano, suicidio, accidente... Es como la mariposa que se desprende de su capullo. Se sabe lo que ocurre alrededor, se escuchan conversaciones, se perciben los pensamientos. También se experimenta la salud total, por ejemplo una persona ciega ahora podía volver a ver, o una persona inválida podía volver a bailar.

La segunda fase la describe como espíritu-energía. Le consolaba saber que ningún ser humano muere solo. Fuese cual fuese el lugar donde hubieran muerto eran capaces de ir a cualquier parte con la velocidad del pensamiento. En esta fase se encuentran con guías o seres, los que de pequeños solíamos llamar ángeles de la guarda que luego olvidamos, que los llevaban a presencia de familiares y amigos ya fallecidos.

En la tercera fase se entraba por lo general, según lo descrito por algunas de las personas que tuvieron experiencias cercanas a la muerte, como en un túnel o una puerta de paso. Con la energía psíquica se recrea el lugar más hermoso o simbólico: el mar, los Alpes suizos, un lago...En esta fase los envuelve una gran luz que ninguno puede explicar, algunos dicen que es Buda, otros Jesús, Mahoma,...pero todos coinciden que es el Amor Incondicional.

Según los relatos, en esta cuarta fase se encuentran en presencia de la fuente suprema, Dios, el Absoluto...

En este estado la persona hacía una revisión de su vida, un proceso en el que veía todos los actos, palabras y pensamientos de su existencia. Se le hacía comprender el motivo de todos sus pensamientos, decisiones, actos y de qué manera éstos habían afectado a otros, incluso a desconocidos. Veía como podía haber sido su vida, toda la capacidad en potencia que poseía, se le hacía ver que las vidas de todas las personas están interrelacionadas, entrelazadas.

En esta fase no se preguntan cuántas carreras tiene alguien, ni cuántos coches, ni cuánto dinero tiene en el Banco...Se le pregunta a la persona: ¿Qué servicios has prestado? ¿Cuánto has sido capaz de dar a los demás? Ésta es la pregunta más difícil de contestar. Ahí descubrían si habían aprendido las lecciones, de las cuales la principal y definitiva es el Amor incondicional.

Las personas que han vuelto han quedado completamente transformadas. Algunas habían recibido un nuevo conocimiento, otras nuevas percepciones....Pero todas habían hecho un gran descubrimiento: ver la luz les había hecho comprender que sólo hay una explicación en el sentido de la vida y ésta es el Amor.

LA VIDA ES NUESTRA RESPONSABILIDAD
Toda persona pasa por pruebas en la vida; algunas pruebas son grandes, otras no tanto, pero son las lecciones que tenemos que aprender. La vida es también una responsabilidad.

EKR nos explica que el peor acompañante en el lecho de los moribundos es la Culpa. La culpa de no haber hecho lo que se debería, de no haber perdonado, de no haber sido perdonados; cuántos le han confesado haber tenido aparentemente éxito como abogados o grandes médicos, pero en realidad lo que querían ser es jardineros o carpinteros. En definitiva querían irse estando en paz consigo mismo, acabar con asuntos pendientes.

EKR trabajó en hospitales con niños enfermos y para ella los niños eran incluso mejores maestros que los mayores. Los niños no habían acumulado capas y capas de asuntos inconclusos, no tenían una vida de relaciones deterioradas, ni un curriculum vitae de errores. Tampoco se sentían obligados a fingir que estaban bien. Dicen exactamente lo que necesitan para estar en paz.

Jeffy era un niño de 9 años, que padecía una afección en el sistema nervioso central. Estaba muy débil y sin pelo debido a la quimioterapia, parecía un hombrecito borracho. La doctora supo con tan sólo una mirada que este niño había dejado de luchar. Sus padres, que lo amaban, aceptaron su decisión de salir del hospital e ir a casa. La doctora los acompañó con la certeza de que ese niño quería acabar con un asunto pendiente. Al llegar a casa le pidió a su padre que le bajara la bicicleta que por años había estado colgada en el garaje y que por favor le pusiera las ruedecillas de apoyo. Os imagináis la humildad que tiene que tener este niño para pedirle esto con nueve años. El niño, que se disponía a dar la vuelta a la manzana, le dio la orden a la doctora de aguantar a su madre, mientras el padre aguantaba a la doctora también. Esos minutos que perdieron al niño de vista les parecieron una eternidad, pero cuando vieron a Jeffy regresar parecía el hombrecito más orgulloso y victorioso que habían visto jamás. Dos semanas después la madre de Jeffy llamó a la doctora para explicarle que el niño había fallecido, pero también para contarle cómo acabó la historia ese día. Cuando regresó Douggy, el hermano pequeño de Jeffy. Del cole quiso hablar con él en privado y en secreto. Douggy sabía que no iba a estar por Navidades y quería regalarle a su hermano pequeño su tan querida bicicleta, pero con una sola condición: ¡que jamás usaría esas malditas ruedas de apoyo!

En los últimos años de su vida EKR sufrió varios infartos que la hicieron permanecer casi inválida en una cama. Sabía que su tiempo estaba concluyendo y aceptó las últimas lecciones que tenía que aprender. Se enfrentó a su propia muerte con la valentía con que había afrontado la de los demás y con el coraje que aprendió de los más pequeños. A los 78 años hizo su transición, como le gustaba llamar ella a la muerte, y estuvo rodeada de seres queridos.

El mensaje que nos quería transmitir Elisabet Kübler- Ross es que la muerte no existe, al menos no como la imaginamos nosotros. La muerte es un viaje. ¿Qué hacemos cuando nos vamos de viaje? Preparamos las maletas. Habría entonces que prepararse para la muerte. Podríamos ver a esa señora que llamamos muerte como una gran ladrona, que no sólo nos pide la pasta o la vida sino que nos pide la pasta y la vida. Pero si nosotros despertamos nuestra convicción interior, si preparamos estas maletas espirituales, habrá cosas que no podrá llevarse: cuanto hemos amado, las perlas de nuestras experiencias, el amor y el tiempo que hemos sido capaces de entregar a los demás... Si nosotros nos preparamos reafirmando nuestra espiritualidad, tratando de tener bondad y altura de corazón, estaremos preparados.

(Fuente: Revista Esfinge)

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