mujer cruzando un puente
 

 

Louise Hay es uno de los grandes referentes del crecimiento personal. Publicó su primer libro sobre relación mente cuerpo a los 50 años de edad. Y años después tuvo que luchar contra un cáncer.

Uno de sus maestros por aquellos tiempos le instó a pasar a la acción : “No puedes perder la batalla contra el cáncer con todo el trabajo que has realizado en ti.” Louise se puso manos a la obra y a través de un trabajo de afirmaciones positivas, visualizaciones, limpieza nutricional y psicoterapia seis meses después estaba completamente curada.


"La vida es realmente muy simple: recibimos lo que hemos dado".

Después de este episodio, que marcó su vida para siempre, Louise escribió su libro más popular: "Usted puede sanar su vida"  Era el año 1984 y tenía 58 años. 

Se trata de una obra, considerada un clásico y quizá uno de los más significativos de la literatura de crecimiento personal, que hizo de su autora un fenómeno mundial. Su mensaje es muy sencillo: posees el poder de transformar tu vida porque tú mismo estás creando, a través del pensamiento, tu propia realidad.
 
Una idea que ha sido recuperada después por numerosos autores y a la que se adscriben las más modernas teorías científicas, pero que pocos han sabido exponer con tanto acierto y claridad. Gracias a esta obra, millones de personas en todo el mundo han aprendido a sanarse y a modificar su experiencia vital. Y no sólo eso: han descubierto el significado de la auténtica autoestima.
 

"En la infinidad de la vida donde yo estoy, todo es perfecto y completo. Yo ya no elijo creer en viejas limitaciones y carencias. Yo ahora elijo empezar a verme a mí mismo como el Universo me ve, perfecto y completo".

 nature flower


El núcleo del pensamiento de Louise Hay sostiene que "Aquello en lo que uno fija su atención es lo que obtiene"

Nuestra cultura nos enseña a combatir mentalmente lo negativo, en la creencia de que, si lo hacemos de esta manera, nos atraeremos automáticamente lo positivo...pero las cosas no funcionan así. Utilizamos expresiones tipo:

NO QUIERO VIVIR EN ESTA CASA. NO QUIERO ESTAR GORDA. NO QUIERO SER POBRE. NO QUIERO ENVEJECER. NO QUIERO ESTAR SOLO...
 

Sin embargo, Louise nos explica que combatir lo negativo es una total pérdida de tiempo. Cuanto más insistas en lo que no quieres, tanto más estarás creándolo.


Aquello es que uno fija la atención es lo que crece y se consolida. Por lo tanto, hay que convertir lo negativo en positivo y afirmarlo cada día:


ME MUDO A UN LUGAR MEJOR. ESTOY DELGADA. MI SITUACIÓN ES PRÓSPERA. SOY JOVEN. TENGO RELACIONES MARAVILLOSAS

 
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Aprende a utilizar afirmaciones positivas tanto al hablar como al pensar, ésta es la clave para realizar cambios en tu vida.
 

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El Capítulo 7 de "Usted puede sanar su vida", dedicado al Cambio, a continuación:



Cómo cambiar

“Con júbilo y soltura atravieso puentes"


Me encantan las explicaciones prácticas. Todas las teorías del mundo son inútiles a menos que sepamos cómo aplicarlas para cambiar. Yo siempre he sido una persona muy pragmática, con una gran necesidad de saber cómo se hacen las cosas.

Los principios con que vamos a trabajar ahora son:

  • Alimentar la disposición a renunciar.
  • Aprender hasta qué punto nos liberamos perdonando y perdonándonos.
  • Renunciar a la necesidad
Cuando intentamos renunciar a un modelo mental, parece como si toda la situación empeorase durante un tiempo. No es malo que así sea: es un signo de que la situación empieza a movilizarse. Nuestras afirmaciones funcionan, y es necesario seguir adelante.

Ejemplos:

Estamos  trabajando  para  aumentar  nuestra  prosperidad, y perdemos la billetera.
Estamos   trabajando   para   mejorar   nuestras   relaciones y tenemos una pelea.
Estamos trabajando para mejorar la salud y atrapamos un resfriado.
Estamos trabajando en la expresión de nuestros talentos y capacidades de creación, y nos despiden.

A veces el problema toma una dirección diferente, y empezamos a ver y a entender más. Supongamos, por ejemplo, que usted esta tratando de dejar de fumar y diciéndose: “Estoy dispuesto a renunciar a la “necesidad” de cigarrillos”. A medida que insiste en su propósito, advierte que se siente más incómodo en sus relaciones.

No se desespere: esto es un signo de que el proceso funciona.

Podría hacerse una serie de preguntas en este estilo:

“¿Estoy dispuesto a renunciar a relaciones que me incomodan? Los cigarrillos, ¿no estarían actuando como una cortina de humo que me impedía ver lo incómodo que me encuentro en esas relaciones? ¿ Por qué me estoy creando esta clase de relaciones?”

Así observa que los cigarrillos no son más que un síntoma, no una causa. Ahora usted empieza a tener una penetración y un entendimiento de la situación que podrán liberarlo, y empieza a decirse que está dispuesto a renunciar a la “necesidad” de relaciones incómodas.

Entonces advierte que la razón de que se sienta tan incómodo es que le da la impresión de que los demás siempre lo critican.

Como usted ya sabe que cada cual es el creador de sus propias experiencias, ahora empieza a decirse: “Estoy dispuesto a renunciar a la necesidad de que me critiquen”.

Piensa en las críticas y se da cuenta de que, de pequeño, recibió muchísimas, y de que el niño que lleva dentro sólo se siente “a gusto” cuando lo critican. Su manera de ocultárselo a usted mismo había sido echar una “cortina de humo”.

Quizá sienta que el paso siguiente es decirse: “Estoy dispuesto a perdonar a…”.

A medida que siga haciendo sus afirmaciones, es probable que descubra que los cigarrillos ya no le interesan, y que la gente que conoce ya no lo critica. Entonces sabrá que ha renunciado a su necesidad, que se ha liberado de ella.

Este tipo de trabajo requiere generalmente cierto tiempo. Si persiste con paciencia y está dispuesto a concederse todos los días unos momentos de tranquilidad para reflexionar sobre su proceso de cambio, irá obteniendo las respuestas. La Inteligencia que hay dentro de usted es la misma que creó todo el planeta. Confíe en su Guía Interior, que le revelará todo lo que necesite saber.


Ejercicio: Renunciar a la necesidad

Si estuviéramos en un seminario, haría que mis lectores practicaran este ejercicio en pareja. Sin embargo, cada uno puede también hacerlo solo usando un espejo, si es posible grande.

Piense un momento en algo que quiera cambiar en su vida. Vaya al espejo y, mirándose a los ojos, diga en voz alta:

—Ahora me doy cuenta de que yo he creado esta situación, y estoy dispuesto a renunciar al modelo mental que, en mi conciencia, es responsable de esta situación.

Dígalo varias veces, con sentimiento.

Si estuvieran trabajando en pareja, yo pediría a su compañero que le dijese si realmente le parecía que usted hablaba en serio. Lo que quisiera sería que usted convenciera a su compañero.

Pregúntese si realmente lo está diciendo en serio. Convénzase a sí mismo, en el espejo, de que esta vez está dispuesto a liberarse de la servidumbre del pasado.

Hay muchas personas que, una vez han llegado a este punto, se asustan porque no saben cómo poner en práctica esta renuncia. Tienen miedo de asumir un compromiso sin saber todas las respuestas. Esto no es más que otra resistencia a cambiar. Hay que ir más allá de ella.

Una de las cosas realmente grandes es que no tenemos que saber cómo. Lo único que necesitamos es estar dispuestos. La Inteligencia Universal —o su subconsciente— ya se ocupará de los “comos”. Para todo lo que usted piensa y para cada palabra que diga hay respuesta, y el momento del poder es el presente. Las cosas que está pensando y las palabras con que las está declarando en este momento están creando su futuro.


Su mente es un instrumento

Usted es mucho más que su mente. Tal vez ella crea que dirige el espectáculo, pero eso es sólo porque usted la ha entrenado para que piense así. También se puede deshacer ese entrenamiento con el fin de adquirir otro muy distinto.

La mente es un instrumento que usted tiene para usarlo como le plazca. La forma en que lo usa actualmente no es más que un hábito, y los hábitos —cualquier hábito— se pueden cambiar si nos lo proponemos, e incluso si simplemente sabemos que es posible hacerlo.

Acalle durante un momento el parloteo de la mente y piense de verdad en este concepto: La mente es un instrumento que usted puede usar de cualquier manera, como lo desee.

Las ideas que usted “decide” pensar crean las experiencias que tiene. Si cree que es arduo y difícil cambiar un hábito o una idea, al decidir pensar así hará que eso sea verdad en su caso. Si decide pensar que cada vez es más fácil para usted hacer cambios, el haber elegido ese pensamiento hará que sea cierto.


El control de la mente

Dentro de usted hay un poder y una inteligencia increíbles, que responden constantemente a sus ideas y a sus palabras. A medida que aprenda a controlar la mente escogiendo conscientemente sus pensamientos, irá ganándose como aliado a ese poder.

No crea que la mente es la que lo controla; es usted quien controla a su mente. Usted la usa. Usted puede dejar de tener esas viejas ideas.

Cuando su pensamiento habitual intente volver, insistiendo en que “es tan difícil cambiar”, asuma usted el control mental. Hable con su mente; dígale: “Ahora opto por creer que cada vez se me va haciendo más fácil cambiar”.

Tal vez tenga que repetir vanas veces este diálogo con su mente para que ella reconozca que el control lo lleva usted, y que lo que usted dice es lo que vale.

Lo único que usted puede controlar es su pensamiento presente

Sus pensamientos de antes ya no están; no hay nada que usted puede hacer con ellos, como no sea vivir hasta agotar las experiencias que ellos causaron. Sus pensamientos futuros aún no se han formado, y usted no sabe cuáles serán. Su pensamiento actual, lo que está pensando en este mismo momento, está totalmente bajo su control.


Ejemplo:

Si durante mucho tiempo ha permitido que su hijo pequeño se quedara hasta que él quisiera, y ahora usted toma la decisión de que el niño se acueste todas las noches temprano, ¿qué cree que pasará la primera noche? El niño se rebelará contra esa nueva regla; es probable que chille y patalee y haga todo lo posible por no irse a la cama. Si en este momento usted afloja, el niño ganará, e intentará siempre controlar la situación.

Sin embargo, si usted mantiene tranquilamente su decisión e insiste con firmeza en que ése es el nuevo horario para acostarse, la rebeldía irá disminuyendo, y en dos o tres noches la nueva rutina habrá quedado establecida.

Lo mismo sucede con su mente: si duda, al principio se rebelará. No querrá someterse a un nuevo entrenamiento. Pero el control lo lleva usted, y si se mantiene firme, en muy poco tiempo la nueva manera de pensar habrá quedado establecida. Y usted se sentirá espléndidamente al darse cuenta de que no es una víctima importante de sus propios pensamientos, sino el señor de su propia mente.


Ejercicio: Desprenderse

Mientras va leyendo esto, haga una inspiración profunda, y mientras exhala deje que toda la tensión desaparezca de su cuerpo. Deje que se relajen el cuero cabelludo, la frente y la cara. La cabeza no necesita estar tensa para que usted pueda seguir leyendo. Deje que se relajen la lengua, la garganta y los hombros. Se puede sostener un libro con las manos y los brazos relajados. Hágalo. Deje que se relajen la espalda, el abdomen y la pelvis. Respire en paz mientras relaja las piernas y los pies.

¿Se ha producido algún cambio importante en su cuerpo desde que empezó el párrafo anterior? Sienta hasta qué punto se reprime. Si lo está haciendo con el cuerpo, lo está haciendo con la mente.

En  esta  posición  cómoda  y  relajada,  dígase:

“Estoy dispuesto a desprenderme. No me reprimo. Me aflojo. Aflojo toda tensión. Renuncio a todo miedo, a todo enojo. Me libero de toda culpa, de toda tristeza. Renuncio a todas las viejas limitaciones. Me desprendo de todo esto y estoy en paz. Estoy en paz conmigo mismo. Estoy en paz con el proceso de la vida. Estoy a salvo y seguro”.

Practique dos o tres veces este ejercicio. Sienta el aflojamiento que implica desprenderse. Repítalo cada vez que sienta que empiezan a acosarlo pensamientos negativos. Se necesita cierta práctica para que la rutina se haga parte de usted. Cuando uno empieza por ponerse en este estado pacífico y relajado, es más fácil que las afirmaciones “prendan”, porque uno está abierto y receptivo ante ellas. No hay necesidad de pugna, de ninguna clase de esfuerzo. Simplemente, relájese y piense en las cosas apropiadas. Sí, es así de fácil.


La descarga física

En ocasiones necesitamos una descarga física para aflojarnos. Las experiencias y las emociones pueden quedar aprisionadas en el cuerpo. Vociferar en el interior del coche, con todas las ventanillas cerradas, puede ser una excelente descarga si hemos estado sofocando nuestra expresión verbal. Aporrear la cama o patear cojines es una manera inofensiva de liberar la furia contenida, como lo es jugar al tenis o correr.

Hace cierto tiempo, me pasé uno o dos días con un dolor en el hombro. Procuré no hacerle caso, pero no se me iba. Finalmente, me decidí a preguntarme qué era lo que pasaba, y qué era exactamente lo que sentía.

“Es como una sensación de quemadura. Quemadura… quemadura… eso significa enojo. ¿Por qué estás enojada?”

Como no se me ocurría por qué estaba enojada, me dije: “Bueno, vamos a ver si podemos descubrirlo”. Puse sobre la cama dos grandes cojines y empecé a aporrearlos con todas mis fuerzas.

Después de una docena de golpes me di cuenta exactamente de por qué estaba enojada. Era clarísimo. Seguí golpeando los almohadones y gritando para descargar las emociones de mi cuerpo. Una vez que hube terminado me sentí mucho mejor, y al día siguiente el hombro estaba como nuevo.


Dejarse inmovilizar por el pasado

Muchas personas vienen a decirme que no pueden disfrutar del día de hoy a causa de algo que sucedió en el pasado. Como antes no hicieron algo, o no lo hicieron de cierta manera, no pueden vivir plenamente ahora. Como ya no tienen algo que tuvieron, no pueden disfrutar del presente.
 
Porque en el pasado alguien los hirió, ahora no quieren aceptar el amor. Como una vez que se comportaron de cierta manera les sucedió algo desagradable, están seguros de que volverá a sucederles si actúan de ese modo. Porque una vez hicieron algo de lo cual se arrepintieron, se consideran para siempre malas personas.
 
Alguien les hizo una mala pasada en una ocasión, y ahora están seguros de que su vida no es lo que ellos quisieran por culpa de aquella persona. Porque en el pasado una situación los indignó, ahora se aferran virtuosamente a aquella indignación. Debido a alguna antigua experiencia en que se sintieron maltratados, jamás han querido perdonar ni olvidar.

    Porque no me invitaron a la fiesta de fin de curso, hoy no puedo disfrutar de la vida.
    Porque en mi primera prueba de selección no tuve éxito, ahora todas las pruebas me aterrorizan.
    Porque estoy divorciado, no puedo llevar una vida plena.
    Porque mi primera relación amorosa terminó, me he cerrado para siempre al amor.
    Porque en una ocasión me dijeron algo hiriente, jamás volveré a confiar en nadie.
    Porque una vez robé algo, debo autocastigarme siempre.
    Porque de niño fui pobre, jamás llegaré a ninguna parte.

Lo que muchas veces nos negamos a reconocer es que aferramos al pasado, haya sido lo que haya sido y por más terrible que fuera, sólo sirve para hacernos daño. A “ellos en realidad no les importa, y por lo común, ni siquiera se dan cuenta. Si nos negamos a vivir plenamente el momento presente, sólo nos hacemos daño a nosotros mismos.

El pasado pasó, pertenece al ayer y no es posible cambiarlo. Este momento es el único en que podemos vivir. Hasta cuando nos quejamos del pasado, nuestro recuerdo de él se da en el presente, y en el proceso nos estamos perdiendo la verdadera vivencia de este momento.


Ejercicio: Renunciamiento

Liberemos ahora la mente del pasado, renunciando al apego emocional que sentimos por él. Dejemos que los recuerdos no sean más que recuerdos.

Si uno vuelve a pensar en la ropa que solía usar cuando estaba en tercer grado, eso no tiene por lo general ninguna connotación emocional; no es más que un recuerdo.

Lo mismo puede ocurrir con todos los sucesos pasados de la vida. A medida que los desnudamos de su carga afectiva, adquirimos mayor libertad de valernos de todo nuestro poder mental para disfrutar de este momento y crear nuestro futuro.

Haga una lista de todas las cosas de las que está dispuesto a “soltarse”. ¿Está realmente dispuesto a hacerlo? Fíjese en sus reacciones. ¿Qué tendrá que hacer para desprenderse de esas cosas? ¿Hasta qué punto está dispuesto a hacer eso? ¿Qué nivel alcanza su resistencia a cambiar?


El perdón

El paso siguiente es el perdón. Perdonarnos y perdonar a los demás es algo que nos libera del pasado. En A Course In Miracles se reitera una y otra vez que el perdón lo resuelve casi todo. Yo sé que cuando nos quedamos atascados, por lo general eso significa que hay algo más que perdonar. Si en el momento presente no vamos fluyendo libremente con la vida, generalmente eso quiere decir que nos estamos aferrando a algo pasado. Puede ser arrepentimiento, tristeza, dolor, miedo, culpa, reproche, cólera, resentimiento e incluso, a veces, deseo de venganza. Cada uno de estos atados se genera en un reducto de dureza, en una negativa implacable a renunciar, a aferrarse y a instalarse en el presente.

El amor es siempre la respuesta a una especie de curación. Y la senda que conduce al amor es el perdón. Al perdonar se disuelve el resentimiento. Es una actitud que suelo abordar de diversas maneras.


Ejercicio: La disolución del resentimiento

Un  amigo   mío  ideó  un  ejercicio,  que  siempre funciona, para disolver el resentimiento. Para hacerlo, siéntese tranquilamente con los ojos cerrados, y deje que mente y cuerpo se relajen. Después, imagine que está sentado en un teatro a oscuras, frente a un pequeño escenario. En él ponga a la persona contra quien sienta más resentimiento; no importa que pertenezca al pasado o al presente, que esté viva o muerta. Cuando la vea con claridad, imagine que a esa persona le suceden cosas buenas, cosas que serían importantes para ella, y véala sonriente y feliz.

Mantenga durante unos minutos esta imagen y después deje que se desvanezca.

El ejercicio es éste, pero yo le añado un paso más. Cuando la persona desaparezca del escenario, instálese allí usted mismo. Imagínese que le suceden cosas buenas, véase feliz y sonriente. Dése cuenta de que la abundancia del Universo está al alcance de todos nosotros.

El ejercicio anterior, que para algunos será muy difícil de hacer, disuelve las sombrías nubes del resentimiento con que la mayoría de nosotros cargamos. Cada vez que lo haga, imagínese una persona diferente. Practíquelo una vez por día durante un mes, y observe cuánto más ligero se siente.


Ejercicio: La venganza

Quienes caminan por la senda espiritual conocen la importancia del perdón, pero entre nosotros hay personas que necesitan un paso previo antes de poder perdonar totalmente. A veces, al niño que llevamos dentro, para sentirse en libertad de perdonar, le hace falta primero vengarse. Por eso, este ejercicio es muy útil.

Con los ojos cerrados, siéntese en silencio, tranquilamente. Piense en las personas a quienes más le cuesta perdonar. ¿Qué le gustaría realmente hacerles? ¿Qué tendrían que hacer para que usted las perdonara? Imagínese que eso sucede ahora; entreténgase en los detalles. ¿Durante cuánto tiempo quiere que sufran o que hagan penitencia?
 
Cuando sienta que ya ha acabado, condense el tiempo y dé todo por terminado, para siempre. Generalmente, en este momento uno se siente más ligero y se le hace más fácil pensar en perdonar. Complacerse diariamente en este ejercicio no sería bueno para usted, pero hacerlo una vez, a modo de cierre de un capítulo, puede ser muy liberador.


Ejercicio: El perdón

Ahora ya estamos en condiciones de perdonar. Si le es posible, haga este ejercicio en pareja; si no, hágalo solo, pero siempre en voz alta.

Vuelva a sentarse quieto, con los ojos cerrados, y diga: “La persona a quien necesito perdonar es…, y la perdono por…”.

Repita insistentemente el ejercicio. A algunos tendrá muchas cosas que perdonarles, a otros solamente una o dos. Si trabaja en pareja, haga que él —o ella— le diga: “Gracias, ahora te libero”. Si trabaja solo, imagínese que la persona a quien está perdonando se lo dice. Hágalo durante cinco o diez minutos por lo menos, buscando en su corazón todas las injusticias que aún alberga, y después suéltelas; no siga aferrándose a ellas.


Ejercicio: Visualización

Otro buen ejercicio. Si puede, haga que alguien se lo lea, o grábelo en una cinta para escucharlo después.

Empiece visualizándose como una criatura de cinco o seis años. Mire profundamente los ojos de ese niño. Vea la ansiedad que hay en ellos y comprenda que la única cosa que quiere de usted es amor. Tiéndale los brazos y envuélvalo en ellos. Abrácelo con amor y ternura, dígale cuánto lo ama, cuánto lo quiere, cuánto le importa. Admire a ese niño, admírelo totalmente y dígale que está perfectamente bien cometer errores mientras se aprende. Prométale que usted estará siempre con él, pase lo que pase.
 
Ahora, deje que ese niño se vuelva muy, muy pequeño, hasta que pueda guardárselo dentro del corazón. Consérvelo allí para que cada vez que mire abajo pueda ver esa carita que se levanta para mirarlo y brindarle todo su amor.

Ahora, visualice a su madre como a una niña de cuatro o cinco años, asustada y en busca de amor, sin saber dónde encontrarlo. Tiéndale los brazos, abrácela y hágale saber cuánto la ama, cuánto se preocupa por ella. Dígale que puede confiar en que usted esté siempre allí, pase lo que pase. Cuando se tranquilice y empiece a sentirse segura, deje que se vuelva muy pequeñita, hasta que pueda albergarla en su corazón, y guárdela allí, junto con su niño, para que se den muchísimo amor el uno al otro.

Ahora imagínese a su padre como un niño de tres o cuatro años, asustado y llorando, en busca de amor. Vea cómo le ruedan las lágrimas por la carita, sin saber a quién volverse. Usted, que ya sabe cómo consolar a niños asustados, tienda los brazos para acoger al cuerpecito tembloroso. Consuélelo, arrúllelo, hágale sentir cuánto lo ama. Asegúrele que usted estará siempre allí, con él.

Cuando  se  le  hayan  secado  las  lágrimas,  y cuando usted pueda sentirlo lleno de amor y de paz, deje que se vuelva muy pequeño hasta que pueda acogerlo en su corazón. Y guárdelo allí para que los tres pequeños puedan darse unos a otros mucho amor, y usted pueda amarlos a los tres.

Hay tanto amor en su corazón que con él podría curar a todo el planeta. Pero por ahora limitémonos a dejar que ese amor sirva para curarlo a usted. Sienta cómo una cálida ternura empieza a arder en el centro de su corazón, algo afectuoso y dulce. Y deje que ese sentimiento empiece a cambiar la forma en que usted piensa y habla de sí mismo.

En la infinitud de la vida, donde estoy, todo es perfecto, completo y entero.

El cambio es la ley natural de mi vida, y al cambio doy la bienvenida.

Me dispongo a cambiar y decido modificar mi manera de pensar.

Decido cambiar las palabras que uso.

De lo viejo a lo nuevo, avanzo con júbilo y soltura.

Perdonar es, para mí, más fácil de lo que pensaba.

Perdonar hace que me sienta libre y sin cargas.

Con júbilo aprendo a amarme cada vez más.

Cuanto más me libero del resentimiento, tanto más amor tengo para expresar.

El cambio de mis pensamientos hace que me sienta una buena persona.

Estoy aprendiendo a convertir el día de hoy en un placer.

Todo está bien en mi mundo.


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